11/02/2009

¿INCLUID@ O EXCLUID@?, ¿ACEPTAD@ O RECHAZAD@?, ¿ENTRELAZAD@ O DESENLAZAD@?


Siempre se ha dicho que es absurdo o que no se debe pretender ser lo que no se es, no ha sido ni será nunca. Sí, es cierto.

Si eres una persona que se te tiene en cuenta para todo, por algo será; y si no es así, es decir, que apenas se te tiene en cuenta o si por una temporada sientes que eres importante para alguien, que formas parte de algo o de alguien serán las circunstancias pues tarde o temprano todo volverá a su cauce. Esto es, aquel que es importante para lo que sea o quien sea lo seguirá siendo (si no para toda la vida, sí por mucho más tiempo que el que no lo ha sido nunca, pues éste último tarde o temprano volverá a ser excluido y punto.)

Los ríos tienen su cauce y el ser humano no puede llegar y modificarlo para sus intereses pues tarde o temprano ese río volverá a su cauce original, de ahí que luego vengan las catástrofes.

En la vida de todo ser humano ocurre lo mimo. Cuando uno nace, a lo largo de los años va perfilando, moldeando su personalidad, su ser, es lo que es, es una persona excluida o incluida y por mucho que se quieran cambiar eso, al final volverá a ser lo que siempre fue aunque se obceque con negarlo o cambiarlo.

Hay cosas que no se pueden cambiar, está en la naturaleza de cada uno, está en cada uno de nosotros el ser alguien incluid@ o excluid@, importante o reemplazable, recordad@ u olvidad@...

Cada uno tiene alredor un círculo en el cual hay un determinado número de personas, las que son importantes o las que les pueden ser útiles en un determinado momento, cada uno decide quién y por qué ese quien está en su círculo.
Todo cambia, tan pronto estás dentro de un círculo como tan pronto te echan de él y rechazan a su vez estar en el tuyo, pero hay círculos que son importantes que estén dentro de otros y su importancia es tal que muy pocos rechazarían formar parte de ese círculo, es decir, círculos que no son ni excluidos ni rechazados, sino que se entrelazan con otros.

Cierto es que es duro darse cuenta de que tu situación ha cambiado, de que estás fuera y que muy posiblemente nos engañemos a nosotros mism@s creando que eso no es así, diciéndonos y convenciéndonos de que todavía estamos dentro, todavía formamos parte de algo; incluso podemos llegar a desear escuchar unas palabras que contradigan lo que sentimos (que todo se acabó y ya no volveremos a formar parte de ese vínculo) pero que nos negamos en aceptar.

De qué sirve que quien sea te diga que sí, que el vínculo se mantiene intacto y que nada ha cambiado en ese sentido si la realidad te demuestra lo contrario, ¿de qué sirve engañarse a si mismo? ¿Qué se consigue escuchando lo que queremos escuchar y no lo que realmente hay?, ¿se consigue una cierta tranquilidad?, pero ¿cuánto dura? Esa tranquilidad de pensar que estábamos equivocados dura muy poco porque en seguida, la realidad nos pone en su sitio y nos vuelve a demostrar que somos unos patétic@s por no aceptar que somos unos excluid@s de mierda.

Lo que hay es lo que hay y no se puede pretender cambiar eso por aquello que nosotros queramos que haya, porque no tendrá viabilidad ninguna, no puedes construirte tu propia realidad paralela a la que existe.

Si estás excluido, si te han excluido, rechazado… se tendrá que aceptar porque no hay más opciones. Aunque quien sea te diga lo contrario, en el fondo uno sabe que le están mintiendo descaradamente.
Hay veces que sí, que te pueden decir que no quieren volver a saber nada de ti, pero la mayoría de las veces se dan ciertas ambigüedades que al final hacen más daño que el que te aclaren desde el principio lo que hay y lo que no hay ni volverá a haber.

En el momento en el que vuelves a ser excluido es el momento de darse cuenta de tu nueva y­­­­ no menos conocida situación y agarrarse a ello para no volver a ilusionarte con una nueva inclusión o al menos mantener los pies en el suelo y ser consciente de que eso tarde o temprano tocará su fin.


4 comentarios:

Montse on 3 de noviembre de 2009, 16:55 dijo...

Interesante reflexión, Pixel!!! bastante pesimista, por cierto y si me permites, aunque es cierto mucho de lo que has escrito (no se debe pretender ser lo que no se es), también existe la otra cara de la moneda.
¿Acaso no has sido tú el que alguna vez ha excluido a alguien, por el motivo que sea?
Lo hacemos todos, aceptar o rechazar aquello o a aquellos que no acaba de encajar en nuestro esquema y es bastante normal, por eso no hay que aflijirse, basta con encontrar el círculo adecuado.
De momento, seguiremos dando vueltas en espiral....

¡Hay que ver las cosas que se te ocurren, jeje!!
Un besazo.

pixel on 4 de noviembre de 2009, 12:22 dijo...

No digo que haya que afligirse o por lo menos no quería dar a entender eso, porque de hecho nosotros mismos cuando vemos que no encajamos o no nos sentimos cómodos en un grupo nos vamos.
Yo más bien me refería a los casos en los que cuentan con nostors para apoyarse en momentos malos y cuando es al revés te encuentras con que estás solo o que a lo mejor pasan de apoyarse en en ti.
En resumen, hablo de los casos en que están cuando les interesan y cuando no pues búscate a otra gente.
Reconozco que en este sentido no me he explicado bien con esta entrada, ha sido un tanto general. Pido disculpas.
Saludos:
Pixel

Drea on 6 de noviembre de 2009, 17:19 dijo...

Pues yo creo que todo es reversible. Tenemos momentos buenos y malos, todos. A veces se nos excluye porque tenemos un momento malo o tienen un momento malo, y simplemente es difícil relacionarse o con nosotros o con ellos, pero, si bien es cierto lo que comentas del cauce, también se pueden hacer puentes o coger barcas no? Que un río no nos impida seguir con nuestro camino, hay alternativas y no siempre son nadando en la dirección en que marcha el agua. A veces salimos, nos ponemos un rato al sol o nos abrigamos, y luego volvemos a nadar.

pixel on 6 de noviembre de 2009, 18:06 dijo...

Lo del río es tan sólo una metáfora, es decir, cuando se intenta modificar el cauce por motivos de edificación, por ejemplo de viviendas, a veces ocurre que el río vuelve a pasar por lo que antes fue su cauce original y se lleva todo por delante; pero era tan sólo una metáfora para decir que tarde o temprano las cosas vuelven a como estaba antes.

 

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