9/20/2010

PROMETO... PARA SIEMPRE

¿Cuántas veces habéis prometido algo y no lo habéis cumplido, o cuántas veces se os han prometido cosas que luego no se han cumplido? A todos y todos hemos prometido cosas que luego no hemos mantenido. ¿Y es que en los tiempos que corren creéis que nos podemos permitir el lujo de prometer y que nos prometan?


El problema de prometer es que se hace sin tener en cuenta que la promesa está sujeta a los cambios, con que un sólo factor  cambie la promesa queda invalidada; al menos es mi opinión. Cuando prometemos y nos prometen algo, esa promesa vale en ese justo momento, pasado qué se yo unos días, en cuanto algo cambie esa promesa ya no tiene sentido y es que no se puede prometer con una durabilidad del "para siempre" porque el siempre no existe, no hay nada que dure para siempre. Todo tiene su caducidad que pueden ser días, meses...


Por eso creo que el sacramento del matrimonio está mal planteado, ya sabeís, "prometo serte fiel en lo próspero y en ... bla, bla, bla." No voy a escribir el discurso de dicho sacramento porque ya sería lo último que me faltaba. Paso.


De todos modos, no es de extrañar que dicho sacramento esté mal planteado porque en lo que se refiere a la fe católica, a la iglesia y compañía (monjas, curas...) todo está lleno de contradicciones y sus dogmas están bastantes desfasados y antiquados como para adecuarse en el mundo en que vivimos. En fin, no voy a continuar por este camino que al final acabaré encenciéndome. Lo voy a dejar para otro momento.


Yo he prometido muchas cosas que luego no he sido capaz de cumplir y hay una promesa incumplida en particular que tal vez me pese más que las demás, y por ello y porque me he dado cuenta de que el siempre y la promesa al menos para mi no tienen cabida en estos tiempos, paso, vamos que me niego rotundamente a volver a prometer algo. Ya no prometo nada a nadie, como mucho lo único que puedo ofrecer es mi intención de hacer las cosas lo mejor posible. Si a quien sea eso no le vale, pues lo siento, es lo que hay.


Igualmente dejo de creer en las promesas de los demás, no porque no confíe en ell@s, en mi gente, sino porque soy consciente de que éstas estan sujetas a todo lo que ocurra alrededor y, por tanto, son imposibles  de mantenerlas.

PROMESAS, no gracias.
 

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