5/11/2014

MIS AVENTURAS CON MI ORBEA TUAREG 2

Tras finalizar la anterior entrada que escribí hace unos meses, hoy la retomo con las aventuras vividas en el mes de noviembre de 2013 para contaros que el mismo día 1 de noviembre (día de todos los santos) cogí mi bicicleta para dirigirme al pueblo de Sierra de Fuentes por el carril bici de la ronda norte.

Una vez que llegué al pueblo continué por una carretera estrecha cercada de chalets a ambos lados del camino en dirección al centro de interpretación de aves de S. de Fuentes, conocido, como los pajaritos.

Al llegar al centro me adentré en el camino de cabras que sigue nada más llegar al centro, (lo llamo así porque entre grietas, cantos, arena... hay que ir concentrado y mirando por donde metes las ruedas de la bici que si no, tortazo al canto) animada por la música que iba escuchando, ojo, sin auriculares que menudo peligro si no. Era la primera vez que me daba por llevarme el móvil que utilizaba para escuchar música.

Pues bien, resulta que al poco de meterme en el mencionado camino de cabras la música se detuvo. La canción había terminado o eso pensé yo y como para volver a escuchar la misma canción o bien poner otra nueva necesitaba sacar el móvil del bolsillo del maillot lo pospuse tras unos cuantos metros más adelante, no era plan de distraerse.

Al rato detuve la bici para sacar mi móvil y seguir escuchando música. Pero cuál fue mi sorpresa que al meter la mano en el bolsillo no lo encontraba. Se había caído vete tu a saber dónde. ¡Hala!, vuelta otra vez hacia atrás y a ver si con suerte lo veía.

Efectivamente tuve suerte, lo encontré en el suelo, lleno de arena y aparentemente vivo, y todo eso unos segundos antes de que un todo terreno lo terminara de rematar.

Cogí el móvil y retomé mi camino a casa. Al día siguiente, cuando lo encendí, éste había muerto. Se encendía pero la pantalla se veía negra como un tizón y dado que era un móvil antiguo ya podía despedirle con todos lo honores pues ninguna tienda me ofrecía asistencia.

Aprendí la lección. Ese móvil me gustaba mucho, escuchaba mi música favorita, me servía de despertador, y el agujero para introducir unos cascos era compatible con los que me había comprado hace unos meses. Ahora ando con un antiguo móvil de mi hermano con el cual solo puedo escucharlo con unos auriculares pequeños (los cascos no los puedo usar porque la clavija es más grande que la del móvil), luego uso otro móvil para el despertador ya que el de mi hermano solo suena una vez y finalmente, el móvil que uso para llamar por teléfono y enredar por Internet.

Cierto es que con mi Samsung Galaxy Y podría tenerlo todo, el problema es que se me caen a menudo los móviles ya que cuando pongo el despertador suelo dormir con él en la cama y más de una vez al suelo que se ha ido y como los móviles de ahora te duran "na" y menos, pues el samsung lo uso para llamar y enredar con las aplicaciones.

Vamos, que estoy apañada. 3 móviles y 3 cargadores, pfff. Una castaña, sí.

El 2 de febrero de este año 2014 la ruta elegida con las compañera fue en dirección al embalse del Casar de Cáceres - Iglesia Virgen del Prado - Cáceres.

Está ruta fue de lo más guapa pues el embalse por esta época está precioso y el recorrido por él con curvas, bajadas, subidas resulta de lo más divertido, un circuito que recomiendo probar si se tiene la posibilidad, eso y si no se tiene miedo a los animales sueltos porque cada vez que he intentado hacerla sola no ha podido ser :(

De este día lo más destacable fue en primer lugar mi intento por cruzar un charco que en principio no parecía gran cosa pero amigo, al final acabé con los pies embarrados tras quedar la bicicleta bloquedada por dicho barro. Gracias a mi espíritu aventurero que me lleva a veces a lanzarme sin pensarlo ni 2 segundos, las compañeras quedaron sobre aviso y pudieron cruzarlo de una forma más elegante. Las más inteligentes ellas, desde luego.

En la ruta del 18 de febrero acabé tirándome por debajo de una alambrada para pasar al otro lado como si estuviéramos en la guerra pero sin bombas ni disparos del fuego enemigo. Y es que yo y un grupo de amigos se nos ocurrió ver una cantera que en principio meses atrás no estaba vallada pero que no se sabe por qué ahora si quieres salir de ella, tiraté al suelo e intenta pasar la bici por encima (para ello lo mejor es ir acompañado).

El 9 de marzo fue el último día que pude salir con mi grupo antes de acabar castigada día tras día en mi cuarto con mi odiada amante. Ese día hicimos una ruta solidaria organizada por los bomberos de Cáceres para recaudar dinero en beneficio de los afectados por la enfermedad de Huntington.

Ese día la ruta comenzaba en el Cefot de Cáceres. La ruta estaba programada para que saliéramos de allí a las 10 pero entre pitos y flautas y que la guardia civil todavía no había llegado para cortar el tráfico estuvimos un buen rato esperando y pasando más frío que un tonto.

Por fin, nos pusimos en movimiento en dirección a Malpartida de Cáceres, la ruta eran unos 40-42 Km. Este tipo de rutas el único inconveniente que tiene desde mi punto de vista es que al ser tantos los que vamos en bici, cada uno al ritmo que se siente más cómodo, resulta agobiante y a veces peligrosa pues ocurre que si uno se frena sin apartarse o por lo que sea se cae, pues el que va detrás ya sabe... 

No obstante, en esta ruta salvo un percance que os relataré en el siguiente párrafo, disfruté de lo lindo, tanto que para el año que viene si puedo repito.

El percance en cuestión fue cómo no podía ser menos, una caída monumental en un charco. Veréis, la cosa fue así. Resulta que iba yo con mi bici feliz de la vida y, antes de llegar a una de las paradas que se hacen en este tipo de rutas para reagruparnos a todos y no dejar a nadie descolgado, vi a los pocos metros un enorme charco y pensé, "bah, esto lo cruzo yo sin despeinarme" partiendo de la errónea idea de que bajo el agua el camino iba a estar lisito y preparado para que yo lo cruzara sin problemas.

Tras el charco había un montón de hombres parados junto con alguna mujer, entre ellas Puri, una de mis compañeras, que esperaba al resto para luego retomar la ruta. Puri no paraba de llamarme, pues resulta que se encontraba en una situación un tanto incómoda al estar rodeada de hombres meando por aquí y por allá. La pobre no sabía ya hacia dónde mirar.

Al cruzar el charzo, ZAS! mi rueda delantera chocó contra una piedra de cierto tamaño que se encontraba bajo el agua pero que desde luego no se veía ni de lejos. Perdí el control de la bici y antes de caer en el charco delante de todo el mundo, me di con la barra de la bici ahí, en el kiwi. Al mismo tiempo, Puri gritaba: Pixel, Pixel, Pixel (esperaba que llegara pronto), Pixeeeeeeeeeeeeeeeelll! (cuanto me caí).

Me levanté como pude, mi compañera fue a mi rescate y me preguntó que qué tal estaba y le dije por lo "bajini": "creo que he perdido la virginidad". No sé cómo más de uno se enteró de mi comentario. En fin, ese día sin comerlo ni beberlo fui el centro de atención de todos. Eso me pasa por chula.

El 13 de marzo me levanté algo antes de las 8, desayuné y mi familia y yo pusimos rumbo al matadero, esto al Ifeme de Mérida para hacer el tan ansiado examen de mi asquerosa oposición sanitaria. 

Inciso: Me examiné en Mérida como resultado de un sorteo y porque a pesar de que en Cáceres hay más de una facultad, los organizadores decidieron coger solo 3, en Badajoz otras 3 facultades, en Don Benito la Institución Ferial de Extremadura y en Mérida el Ifeme; según ellos fue la mejor forma que encontraron para ubicar a los miles de opositores que nos examinábamos ese día.

Y un cuerno, podían haber reservado más facultades en las ciudades de Cáceres y Badajoz y así examinarnos cada uno en su ciudad pero como éramos tantos los que nos examinábamos pues para dar por culo como siempre se hace en este país, se cogieron las listas y se hizo un sorteo de tal manera que algunos tuvieron que desplazarse al quinto pino y otros no tanto. 

Ante esas circunstancias los que iban con la intención de echar cruces no se presentaron y lo cierto es que en mi sede faltó mucha gente e imagino que en las demás, más de lo mismo


Al llegar a Mérida, una densa niebla cubría la ciudad. No se veía un carajo. Mi padre se perdió y no encontrábamos ni un alma a quien preguntar pues todo hay que decirlo, el IFEME está fatal señalizado.

No había nadie por la calle a esas tempranas horas un domingo de ramos, es que manda huevos. No les bastaba con desplazarnos fuera de nuestra ciudad para examinarnos, sino que además fijan el examen para un día festivo y si alguno no llega, mejor, uno menos.

Nos metimos por una barriada que desconocíamos y al preguntarle a una señora, ésta ni idea y encima enrollándose con temas que no venían al cuento. Detenidos ante un semáforo que no se veía bien, a punto estuvimos de ser arrollados por otro coche, suerte que mi padre se detuvo a tiempo.

Mientras tanto yo a punto de un ataque de nervios y pensando: "No solo no me examino sino que encima la palmo"

Volvimos a preguntar una y otra vez y nadie sabía que era eso del IFEME. Al final gracias a un chico joven pudimos situarnos en buena dirección hacia el lugar del examen y preguntando de nuevo, finalmente lo encontramos. Luego me enteré que más personas tuvieron problemas para encontrar el puñetero IFEME. Hasta un amigo también se perdió en Don Benito.

Al llegar, yo tenía ya un cabreo que ni una tila me iba a calmar aunque con las horas que eran ya ni tila ni "na".

Empezaron con el llamamiento. Una mujer bastante simpática lo cual es de agradecer y destacar comenzó a llamar uno por uno a los opositores. Al fondo se veían unas sillas de plástico de color blanco de esas que ves en las terrazas durante la época estival. La verdad es que el lugar era un poco cutre. 

Cuando por fin llegó mi turno me dirigí a la mesa que tan amablemente me indicó uno de los colaboradores. La mesa era de madera, vieja y sucia con restos de goma de borrar que tuve que limpiar. Un poco incómoda porque debajo tenía una barra que obligaba a poner los pies por encima porque por debajo te chocaban los zapatos con la misma.

La silla como digo era de esas de color blanco de verano. No sé, lo único que faltaba para completar el panorama eran unas sombrillas, unos posters con unas playas de agua cristalina y blanca arena y, por su puesto, una granizada sobre la mesa para completar la escena.  No estaba de humor pero eso era para haberle hecho una foto.

Al terminar el examen, mis padres y yo comimos en Mérida y nada más llegar a Cáceres, me faltó tiempo para ponerme mi cullote corto y mi maillot, llenar mis botellas de agua y ¡hala! a disfurtaaaarr. De hecho, en cuanto me vi pedaleando por la ronda norte sin pensarlo dos veces compartir mi entusiasmo con el entorno gritando sin parar: 
SOY LIBREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

La ocasión lo merecía. Ese día hice pocos kilómetros pues estaba algo cansada, hacía mucho calor y estaba sedienta.

Para terminar, contaros que en estas semanas atrás intenté hasta en dos ocasiones ir en bici hasta el embalse del Casar de Cáceres, que ya os he comentado que es una ruta muy guapa y divertida, pero lamentablemente no pudo ser. 

En el primer intentó la rueda delantera se desinfló un poco (pensaba que se había pinchado en cuyo caso solo tenía como opción volver a patita pues aunque llevo de todo para arreglar pinchazos ya sabéis que no tengo ni idea) y con suerte pude llegar a la N-630 donde un ciclista muy simpático me echó un cable y me infló de nuevo la rueda para así llegar a casa sin problemas. La podía haber inflado yo pero con la bomba que tenía en ese momento me habría costado sudores y lágrimas, así es que la ayuda se agradece.

La rueda por lo visto no estaba pinchada, solo se desinfló un poco aunque no sé por qué.

En la segunda ocasión, me quedé a tan solo unos metros del embalse. Todo por culpa de un caballo que andaba suelto. Jo!, que manía de dejar a los animales sueltos. Y encima, para rematar una avispa sin permiso se cuela dentro de mi maillot y me pica por la simple razón de que no encontraba la salida. No te fastidia, pues no te hubieras metido dónde no te llamaban. El día finalizó con los brazos colorados como un cangrejo por no echarme crema. En consecuencia, otra lección aprendida.

4 comentarios:

Montse on 11 de mayo de 2014, 21:25 dijo...

¡Madre mía, Pixel,la de cosas que te pasan!
Lo del móvil tiene delito ¿no tiene unos bolsillos ese maillot?, pues no sé, una fundita no te vendría mal para amortiguar los golpes, jiji.
Lo de las charcas también tiene su gracia (y perdone usted que me ría) y el viajecito familiar a una localidad fantasma suena a película de ciencia-ficción, incluyendo las sillas de verano.
Me ha gustado mucho tu relato de las aventuras en bici!
Un besito.

Jor Go on 13 de mayo de 2014, 18:33 dijo...

PLAS, PLAS, PLAS.

https://www.google.es/search?q=adaptador+clavija+jack&safe=off&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=SklyU7TBNpGThge66YHIAg&ved=0CAgQ_AUoAQ&biw=1920&bih=935

SUERTE

pixel on 13 de mayo de 2014, 20:12 dijo...

Montse, cuando sales con la bici o no te pasa nada destacable o te pasa de "tooo"

El maillot tenía bolsillo pero se me olvidó cerrar la cremallera que con tanto trote pues éste salto del bolsillo al suelo

No te preocupes por lo de los charcos que yo soy la primera que me río y, en cuanto, al viajecito familiar menos mal ya quedó atrás.

Me alegra saber que te gustan mis aventuras.

Un beso

pixel on 13 de mayo de 2014, 20:14 dijo...

Jorgogi, muchas gracias por el apunte. No soy de comprar por internet pero me has dado la idea de mirar por alguna tienda a ver si encuentro un adaptador que me permita usar los cascos (que ya que me los compré, darle uso)

Un saludo

 

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