12/15/2015

A MEDIO CAMINO ENTRE LA ILUSIÓN, EL ENTUSIASMO, LA ADMIRACIÓN... Y LA INDIFERENCIA.

Hace unos años le dije a una persona que se dejara de regalarme oídos y me demostrara lo que le importaba con hechos. Sólo quería hechos, no palabras. Me equivoqué.

Me equivoqué en parte. Las palabras pueden ser cercanas o distantes, dulces o agrias, cariñosas,  afectivas o brutales, palabras con una verdad dura de digerir o con una mentira aún más dura de asimilar. 

En cualquier caso las palabras y los hechos que las acompañen tienen que ir unidas, en la misma dirección. Ante cualquier incoherencia, bien sea por las palabras pronunciadas o por los silencios, evasivas... bien sea por las actuaciones, es que ni unas ni otros son sinceros. Desconfía.

Unas palabras bonitas vengan de tu pareja, amigos, compañeros... que luego no se correspondan con los actos de aquellos a quienes aprecias te producen desconcierto, decepción, incompresión, dolor... 

Si por el contrario quienes tú quieres hacen unas cosas pero luego te dicen otras que para nada se corresponden con sus actos, te genera los mismos sentimientos, y es que las piedras duelen pero las palabras o los silencios te rasgan el alma.

Me gusta la coherencia, y ante la incoherencia no sé como debo reaccionar. Solo sé que me duele, me como la cabeza intentando buscar una razón, un por qué, una justificación pero no la hay. Del dolor, de la incompresión, del desconcierto... con el tiempo se llega a la más absoluta indiferencia que es lo mismo que decir que estás vacío de sentimiento y, ante eso, ya no hay remedio.

El enfado, el odio, la decepción, desilusión son sentimientos, no son buenos, pero son sentiemiento, están ahí,  y yo creo hoy, mañana no sé, que ante eso todavía se puede hacer algo, se puede cambiar un sentimiento malo por uno bueno o al revés pero ante la indiferencia ya no se puede hacer otra cosa que aceptar la pérdida. 

De dónde no hay pero hubo (porque ahí esta la clave que hubo algo pero se destruyó) no se puede pretender generar un fruto nuevo hacia la misma persona o circunstancia que generó el desencanto.

2 comentarios:

Montse Martínez Ruiz on 16 de diciembre de 2015, 21:14 dijo...

Las palabras hieren, las acciones hieren y molestan, la indiferencia duele mucho más, por eso mismo, porque nos dejan sin posibilidad de avance, ya sea para bien o para mal, es como un punto estanco del que no hay salida.
Te entiendo y me sabe mal por tí, pero son cosas que pasan, que nos pasan a todos y aunque eso no sea un consuelo, es una realidad.
Intenta sobrellevarlo lo mejor posible.
Un abrazo inmenso.

pixel on 21 de diciembre de 2015, 22:34 dijo...

Muchas gracias, Montse.

Como siempre el tiempo hace que las cosas las tomemos desde otro punto de vista que ayuda a sobrellevarlo.

Un beso

 

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