Hace ya más de un mes que tenía pensado escribir esta entrada pero que entre pitos y flautas hasta ahora no he sacado tiempo.
Es una entrada en la que quiero compartir una serie de acontecimientos buenos, anécdoticos o simpáticos y que me apetece recogerlos en una entrada.
Voy a comenzar por el nacimiento de una pequeña niña sevillana que conocí por fin hace dos semanas. Se trata de Carla, mi primera sobrina segunda y como así dicho parece complicado (por lo menos a mi me costó aprendérmelo) os diré que se trata de la primera hija de un primo hermano.
Cuando me enteré de la tan feliz noticia allá por el mes de junio, más o menos, me hizo mucha ilusión. No es sobrina, sobrina, pero algo toca de cerca y cómo es lógico me hace mucha ilusión y nadie tiene derecho a decirme o a echarme en cara por qué cosas tengo o no tengo que mostrar más o menos ilusión. Cierto es que a mi los niños no me gustan, eso de que se ponga a llorar o tirarse al suelo o cosas de esas, pfff, me sacan de quicio pero mi sobrina segunda me parece una cucada.
Mi abuela solía decir que mi primo era más listo que los ratones coloraos y en los 6 meses siguientes que restaban para su nacimiento no he parado de decir que mi primo iba a tener una ratona colorá y que tal vez podría ser peliroja, jejeje. No ha sido peliroja pero sí que es preciosa. Es pequeña y muy buena. Solo llora cuando le toca la hora de comer, bueno, y creo que mucho las fotos no le gustan pero es que es normal porque, sus abuelos, su tía y yo no parábamos de hacerle fotos y yo creo que acabó un poco mareada, jejejeje.
Y a todo esto, ¿cuándo nació la peque? El 18 de diciembre. Menudo regalo de navidad o Reyes que tuvieron mi primo y su novia y, en general, toda la familia. El mejor.
Cuando hace unas semanas fui a conocerla y la cogí en brazos (nerviosa porque no sabía como debía cogerla) no sabéis que cosita tan graciosa, como me miraba fijamente con esos ojos grandes, y sus manos y sus pies... no tengo palabras. Lo único que puedo decir es que la espera mereció la pena y que ya estoy contanDo los días para volver a verla.
Entre la ropita de la niña, hubo un traje que a mi madre y a mi nos gustó y nos hizo mucha gracia. Como no podía ser menos le habían regalado para cuando fuera un poquito más grande un traje de gitana. Sí, sí, estáis leyendo bien. Un traje celeste con lunares blancos y con sus complementos como un mantón azul y dos puslseras de bolitas, una blanca y otra azul. Habrá que esperar un poco más hasta que se lo pueda poner pero me muero de ganas por verla con ese vestido, qué cosa más graciosa.
La verdad es que los zapatitos, los pijamas de pies cubiertos (los cuales tienen sus ventajas y sus incovenientos, es decir, muy abrigados pero cuando vas al servicio y quieres bajarte la cremallera, telita), mudas... me llaman mucho la atención. Me gustó ir con mi madre a comprarle los regalos a mi sobrina segunda.
El día que fuimos a Sevilla estuvimos también con mis tíos (los abuelos) y mi prima (la tía). Lo pasamos muy bien y me dio tiempo a ver por lo menos la plaza de España. Preciosa. La verdad es que de momento es la Plaza de España más bonita que he visto en mi vida. Me quedé con ganas de más pero por otra parte, ya tengo dos buenas excusas para volver: Carla y conocer de arriba abajo la ciudad de Sevilla.
Unas semanas después llegó la Nochevieja y por la tarde tuvo lugar la celebración de la San Silvestre. Hacía muy mal y yo no sabía si ir o no ir. Al final, unas amigas se animaron y yo deprisa y corriendo (y nunca mejor dicho) me fui a la carrera. La pillé de camino pues ya había empezado pero vamos, teniendo en cuenta que ya venía corriendo desde casa, ese cachito ya lo había compensado de sobra.
Mira que a mi no me gusta correr pero con la cosa de que iban dos amigas (a las cuales ni las vi de toda la gente que había) y que luego sorteaban muchos regalos, al final me vi en ese embrollo. Por supuesto, hice más tramos andando que corriendo pero lo que cuenta es la intención y más teniendo en cuenta que tenía molestias en un pie.
Por supuesto, no me tocó nada. Regresé a casa y cuando me cambié de ropa, para mi sorpresa resulta que al ponerme un calcentín demasiado gordo me hizo daño en la uña la cual la tenía y la tengo todavía un poco marrón (aunque ahora ya no me duele).
Cenita, uvas de la suerte y a casa de unos amigos a seguir con la fiesta.
Una hora antes de las uvas, como si no hubiera comido suficiente, me dio por mi gran vicio o manía que no consigo dejar ni a la de 3. Me comí el dedo. Sí, me comí el dedo pulgar de mi mano izquierda. Uña y mucho pellejito con lo cual cuando terminé, lo tenía bastante sensible.
Al llegar a casa de mis amigos, algunos me preguntaban que por qué llevaba un guante en la mano izquierda y otros, los que mejor me conocen no necesitaban preguntar, ya lo sabían.
Sobre las 4 de la mañana, mi amigo Deditos me sugirió meter el dedo en agua hirviendo con sal para que sanara y no me doliera. Al principio dudé pero luego me dije que por qué no. ¡¡¡¡¡¡QUÉ POR QUÉ NO!!!!! DIOS MÍO, QUÉ DOLOR.
Una vez que el agua hirvió sacó el vaso del microondas, le echó la sal y yo metí el dedo, VI TODO EL UNIVERSO ENTERO. Y lo peor es que no bastaba con meterlo una vez, tenía que hacerlo varias veces y cuanto más tiempo lo tuviera dentro mejor.
Llegó un momento que el agua ya no estaba caliente y mis amigos no paraban de decirme: "Pixel, mete el dedo". Vamos, meteló que ya no está caliente." Venga, otra vez pero más tiempo. Pixel que eso no es suficiente. "
Alfon no paraba de decir, pobrecita. "Estáis aquí como unos hooligans sin parar de decirle que meta el dedo. "
No estaba caliente pero de la sal, no sabéis lo que escocía. Pfff, lo pasé fatal. No me vi la cara en el espejo pero sufrí mucho. De hecho, Cacho Perro me decía que él nunca me había visto pasarlo tan mal.
Ya sé que me diréis que vaya ocurrencia pero pensemos un poco. Para dejar de fumar hay mogollón de métodos pero para dejar de comerse los dedos ni uno. Pues claro, no es tan fácil
Después de esa noche, me dije que no volvería a comerme el dedo. Aguanté una semana. A día de hoy tengo el dedo pulgar de la mano izquierda vendado (que poco a poco va mejorando) y en la mano derecha me pongo un guante porque si no también me lo como.
Por el mes de Enero, unos días antes de Reyes me fui a ver a mi familia de Madrid. Tuvimos nuestra comida familiar y pasamos mucho frío, tanto que me traje de regalo un buen resfriado.
Los días que estuve por Madrid los dediqué a pasarlos con la familia y a ir de compras. Acabé del Corte Inglés hasta el pie, escaleras para arriba, escaleras para abajo, luego esperar y esperar hasta que nos atendían pues no había suficientes dependientes. Al salir frío, al entrar calor. Con un dolor de pies que al llegar a casa de mi abuela, me tiraba en el sofá y ya de ahí a la cama.
Uno de los días que fui con mis tres tías, Carmen, Charo y Cristina, al corte inglés me lo pasé pipa. Resulta que fuimos en coche y al terminar de hacer las compras, mi tía Carmen iba apurada de tiempo porque no había hecho la comida y en media hora llegaría uno de sus hermanos a casa para comer. Con lo cual, bajamos al supermercado y allí compró comida ya hecha y luego, cogimos de nuevo el ascensor para bajar al garaje.
Resulta que mi tía Charo se había dejado el ticket del garaje dentro del coche y estaba convencida de que la planta era la P1 o algo así, pero yo le decía que eso era imposible porque la P1 era una planta de ropa o no sé bien de qué.
Bajamos y, efectivamente, no era la planta del garaje. En ese momento, llega mi primo. Y nos dice que el garaje se dividía en tres plantas y que se distinguían una de las otras por los colores. Total, que bajamos a una que era de color verde y nada. Subimos a otra de otro color, volvimos a la de color verde. Mi tía Carmen desesparada porque ya sí que iba a llegar tarde, su hermano ya estaba en casa esperando para comer, y no paraba de discurtir con su hermana, Charo, diciéndole que teníamos que haber cogido un taxi y habernos dejado de tanto coche.
Menos mal que nos sabíamos el número de la plaza dónde estaba situado el coche. Total, que mi primo en la planta de color verde se fue hacia el encargado a ver si le podía ayudar. Finalmente, el coche estaba en la planta de color morado.
Hasta que salimos, el tráfico, yo muerta de la risa, mi tías Carmen y Charo enfadas, no llegamos hasta las 16h o algo más a casa.
Por último, hace 2 semanas al encender ordenador para escribir ésta y otras entradas me encuentro con qué mi ordenador no reconocía mi perfil con lo cual me quedo con las ganas y el mosqueo. Al día siguiente lo llevé a la tienda y casi una semana sin él. Mira que me paso días y días sin cogerlo pero después de tanto tiempo, para un día que me apetecía y podía poner al día el blog, zas!
Lo que dependemos de las nuevas tecnologías porque anda que el otro día sin whatsapp, tengo entendido que las redes sociales estaban revolucionadas.













