Seguramente esta frase la habéis escuchado hasta la saciedad cuando eráis pequeños. Y aunque en muchas ocasiones nos diera coraje que nuestros padres, familia, profesores y, en general, los adultos nos dieran esta simple respuesta pero con la que no concretaban nada, dejándonos en ascuas, efectivamente con el paso de los años, tenían razón. Al final, acababamos entendiendo si no todas, la mayor parte de sus enseñazas, de sus porques, de su actos, de sus noes, de sus síes...
Igualmente creo que cuando uno llega a la edad de adulto y acaba entiéndo todo aquello que quedó en el tintero cuando era niño, también, cuando se es adulto hay otras muchas cuestiones cuya explicación y consecuente compresión llegan más adelante.
A mi me ha pasado y me seguirá pasando. Hace ya unos cuanto años que dejé el colegio y aún recuerdo parte de las enseñanzas que recibí de una querida profesora sobre "mundología". Sí mundología, mundología era una materia por decirlo de alguna manera que mi profesora de literarura, latín y lengua me impartía en las clases de la primera asignatura mencionada.
Era 2001 y por aquel entonces, ya estaba en mi último curso del colegio, el ya desconocido para los jóvenes de hoy en día y conocido y recordado para los de mi quinta, curso de COU. Tenía siete asignaturas y la de literatura reconozco que era la que menos me gustaba. A mi y a mis diez compañeros restantes. Eramos pocos pero como dijo uno de ellos, somos como una familia. De hecho, en las asignaturas específicas era dónde más a gusto me sentía.
Pues bien, cuando llegaba la hora de ver la literarura del siglo XX, entre todos intentabamos "liar" a nuestra profesora para hablar de cualquier cosa no banal, sino temas importantes de la vida que no fuera los tediosos temas sobre el modernismo, la generación del 14 o del 27... Y así fue como ella siendo consciente de que la enredabamos (pues ya nos lo comentó en más de alguna ocasión: "Qué créis que no me doy cuenta de vuestras artimañas para no dar clase, claro que me doy cuenta, se os coge al vuelo"), nos impartía las famosas clases de mundología, y eran importantes, ya lo creo que sí, pues tales aportaciones en los libros de texto no se recogen. Como me decía ella: "Pixel (ojo, ese apodo todavía no existía por aquellos tiempos, jejej), no todo están en los libros."
Hubo questiones que quedaron en el tintero y que no interpreté en su momento, por ello, supongo se me quedaron tan grabadas.
Una de las que más me intrigó y a la que más vueltas le di para intentar saber lo que quería decir fue cuando me dijo que no se podía estar siempre mal porque los de mi alredor se podían, cansar, hartar, quemar sino hundirse conmigo en el pozo.
Tenía razón, cuando llega un obstáculo se debe intentar por todos los medios salir, salir como sea, apoyándose en la familia o amigos pero al mismo tiempo haciendo fuerza con nuestras piernas y levantarnos, pues por mucho que alguien venga y tire de nosotros sin hacer nuestra parte de esfuerzo, somos como un peso muerto para aquel que nos tiende la mano, el cual acabará como es lógico lastimándose. Puede acabar muy perjudicado, puede dejar que nos ahoguemos en nuestro pozo de tristeza, amargura o bien, aún peor, acabar haciéndonos compañía.
Hace ya meses que leí un artículo sobre la empatía y de lo que recuerdo de éste era precisamente esto que estoy comentando, hay que escuchar a los demás y no ser tan frívolos con los problemas de los nuestros. El artículo daba el ejemplo de un médico que tenía que decirle a los familiares de un paciente suyo que éste se iba a morir, y en vez de decir, efectivamente, la verdad con cierta sutileza y, por lo menos darles las oportunas explicaciones de por qué después de todo iba a ser lo mejor, dentro de lo que cabía esperar, se limitaba a dar la noticia pues como si hablase del tiempo soleado, con temperaturas suaves por el día y cierto frescor por la noche.
Hay que escuchar, pero mantener una cierta distancia con los problemas de los demás, pues en el mismo artículo se afirmaba que hay personas que incoscientemente se agarran a los demás para que sean éstos quienes le saquen las castañas y que incluso, las había que conscientemente se calaban a aquellos que tendían a involucrarse demasiado para así aprovecharse de tal inocencia por parte de aquellos y cargarles con el peso muerto, aunque en el fondo supieran que quienes le tendían la mano podían acabar mal. Desde mi punto de vista, en este último caso, tanta responsabilidad tiene aquel que no hace frente a sus dificultades como aquel que soporta, aguanta la "mierda" de los demás.
Transmitir nuestro calor hacia los demás, escuchar, dar un abrazo amigo, una mirada, un gesto, una caricia, una luz..., en definitiva, empatizar. Pero cada uno debe, contando con el apoyo de los que le quieren, aprender a salir, afrontar y solucionar sus problemas. No es de recibo cargar a los demás con nuestros pesos muertos que no les corresponde más que a nosotros mismos.
Unos años antes de recibir tales importantes lecciones de vida, conocí a una profesora particular de física y química (la química pasa, pero la física con sus problemas sobre lo que tarda en subir y bajar un piedra que se lanza hacia arriba o en qué punto se van a encontrar los coches A y B con sus respectivas velocidades, por mi que le den, no me interesa), que me dijo una vez: "Pixel, no deberías estar siempre diciendo que vas a suspender si luego al final apruebas pues eso puede molestar al resto de tus compañeros"
Eso es algo que me dejó sin palabras, creo que por aquellos tiempos no me lo tomé muy allá. Me sentó mal. También es verdad que esta profesora era un tanto seca o yo por lo menos no supe comprederla o no me molesté en conocerla mejor (ojo, que explicaba muy bien). De hecho, yo soy la primera que digo que mi timidez es tal que entiendo que a algunos les parezca una borde y les caiga mal.
Pues bien, pasados unos años yo me encontré en la situación de mis compañeros, es decir, cambié de lado y por primera vez sentí lo que era escuchar a alguien que estaba todo el santo día penando y quejándose de lo que mal que le habían salido los exámenes (así es como era yo) y luego no es que aprobara, es que sacaba notazas. Y no es que fuese envidia o no me alegrase, es que estaba harta de escuchar tantas quejas.
Eso y el que muchos vayan por ahí dándoselas de listos, de que hacen un esfuerzo mínino, de que vayan de lumbreras por la vida y que haciendo menos que los demás consiguen los mismos resultados o mejores que otros, que están dando el cayo todo el santo día, lo siento, pero no me lo creo. Además, me parece una falta de respeto hacia los demás, es como si estuviesen sugiriendo que tú o quien sea eres torpe porque ellos han conseguido lo mismo que tú en nada de tiempo.
Qué queréis que os diga, si tan listos son aquellos que sin querer (eso es lo más triste, no percatarse de nada) o queríendo van como dice mi abuela, de "Ramón y Cajal", por qué no están frente a una multinacional, ganan millones, son unos coquitos que te están echan para atrás... No me lo creo (como me dijo una amiga mía: "Pixel, de lo que te cuente la gente creeté la mitad"), me suena a mentira chapucera, habrá alguno que destaque más que otros, pero no todos.
Es más, yo miro ahora hacía atrás y me doy cuenta de la actitud que tuve y me da vergüenza pero a la vez me alegro de haberlo visto, tarde, pero mejor que nunca.
No sé si a día de hoy habré caído en algún momento puntual en las dos situaciones que he descrito. Si es así pido disculpas tanto si he vuelto a caer como por mi actitud en el pasado y, también solicito que mis amig@s, familia.... no permitan que tal ceguera temporal que me haga caer y no se convierta en permanente.
Ésta entrada se la dedico a mi Ilustrisima Señora, al resto de todos aquellos profesores que me enseñaron mucho más de lo que vienen en los libros y a aquellos que compartieron sus lecciones de vida conmigo.
Espero, deseo, estoy abierta y doy la bienvenida a las futuras lecciones de mis amigos de hoy, del mañana, de mis compañeros o amigos blogueros, de los del futuro, de mi familia y de todo aquel que conozca y que quiera compartir lo bueno y también lo malo, de lo cual se pueda extraer una de esas enseñanzas que nunca deben olvidarese y, por tanto, tener presente en el día a día.