RESPUESTA A LOS COMENTARIOS DE LA ANTERIOR ENTRADA

Ha pasado ya un tiempo muy largo desde que publiqué la última y no respondí a los comentarios. Mis disculpas.

He intentado publicarlos pero no sé por qué no puedo, tal vez, los comentarios tengan una caducidad.

Por eso he decidido publicar vuestros comentarios y responder a los mismos a través de una entrada nueva.

Podría pasar y no contestar, pero no me gusta esa opción. Me gusta devolver mi tiempo a mis seguidores como corresponde.

Comentario de Montse:

Pues, para que lo sepas, estoy muy de acuerdo contigo con lo que expones. No creo que se tenga que sufrir para obtener la gloria, ni que todo el mundo destaca ni que se encuentre una razón para vivir y sobre todo, nadie tiene la obligación de seguir si no se quiere seguir porque creo en la libertdad, en que cada uno haga lo que quiera con su vida y sus circunstancias.
No sé muy bien el tema concreto del que hablas ¿suicidio?, pero sí sé que no debemos juzgar las decisiones de los demás por mucho que nos duelan, que no todos tienen la capacidad de afrontar las dificultades y hay que aceptar esa posibilidad.
Espero que no sea en relación a alguien de tu entorno ¡ay, qué complicado es vivir aceptando aquello que no nos gusta!
Muchos besos.

Mi respuesta:

Buenas Montse. Gracias por tu aportación y por tu respeto a no criticar, entendiendo o no, mi opinión. Siempre has comentado desde el respeto, y eso es algo que valoro mucho de ti.

Sé que el tema es polémico pero no poder hablar sobre ello con otro punto de vista que no es el "aceptado" por la sociedad, no me parece tampoco justo. Es represivo.

Siempre he pensado así. Cierto es que no he vivido la parte de perder a alguien de esa manera y, por ese motivo, me puedan llover las críticas, pero tampoco creo que un punto de vista diferente al mío sea el que deba prevalecer, ni que prevalezca el mío. No me gusta imponer mi criterio o mi forma de ver, sentir las cosas, pero tampoco acepto que me digan cómo tengo que pensar. No me gusta que me impongan lo políticamente correcto, de hecho me repatea estar siempre pensando o midiendo qué digo o no digo.

Cruzar la línea no creo que sea plato de gusto para nadie, pero sufrir hasta el final qué sentido tiene eso. Los demás podrán decir que estarán allí siempre que se les necesite, pero seamos francos, cuándo alguien no consigue remontar y los demás no conseguimos que lo haga, nos frustramos y nos cansamos. Acabamos todos agotados, tanto los que queremos que esa persona continúe como sea (vaya solución), como el que no ve motivos.

Debe ser duro pero judgar es lo último que se debería hacer o simplemente, lo mejor es no llegar ahí.

Al final todo se reduce a los juicios de los demás, todo está sujeto a juicio. ¿Quiénes de nosotros está en posesión de la verdad absoluta? ¿Acaso existe la verdad absoluta?

Son decisiones, son decisiones que pueden gustar o no, pero sufrir por sufrir, aguantar los juicios, las críticas sobre aquello que no se entiende, se siente o no gustan no llevan más que a encontrar otro motivo más que dar el paso.

Un fuerte abrazo, Píxel.

Comentario de Silvia Silvam

Creo que el único o la única cobarde que habría aquí es quien se refugiara en el anonimato o la distancia que ofrece un blog para criticar que una decisión como la que aquí se describe está falta de valor. Objetivamente no creo en absoluto que sea así. Y personalmente tampoco lo creo. Al contrario, cualquier persona que toma una decisión tan complicada y trascendente, bien sea seguir con su vida o no seguir, y seguramente en una tormenta o inmovilidad cuya dificultad nadie padecemos, sólo ellos, tiene un valor enorme.Nunca me ha parecido una decisión cobarde y, ni mucho menos, sencilla...sino al contrario, la más difícil. Tanto no seguir adelante y abandonar la vida, como seguir, a pesar de sentimientos y/o situaciones casi insoportables para quien las sufre. Creo que ojalá todo el mundo pudiera tener la lucidez y el valor de elegir lo que quiere hacer con su vida, y la libertad para hacerlo sin ser condenado. Creo que es una libertad básica, a pesar del resquemor con que se contempla. Quizá parte de ese resquemor proceda de la conveniencia de instaurar una barrera psicológica, en este caso de tipo moral, sobre una elección tan extraordinaria y del todo irreversible... como si así fuese más sencillo mantenerse alejado de esa posibilidad y, por tanto, "a salvo" y dentro del sistema en que vivimos...¿instinto de autoconservación? Tal vez. Aún así, está condena es un error, pues si cada quien vive como quiere, en teoría, ¿por qué no poder decidir hasta cuándo?
También está presente la costumbre de ofrecer a personas en situaciones que rozan o sobrepasan ese límite, argumentos como "la vida merece la pena". Y es verdad, para mí merece la pena... pero, ¿cuántas personas no lo sentirán así? Sino un transcurrir de días que asemeja un castigo, al que no se encuentra sentido ni ganas de seguir adelante, o un dolor que afrontar cada día sin apenas poder llegar al día siguiente en pie. ¿Quién sabe cómo sentimos las cosas por dentro? ¿Qué nos motiva, qué ausencias no podemos soportar? Somos tan diferentes... Creo que es pretender aplicar la misma medicina para males muy diferentes, no siempre puede ser eficaz, aunque en muchos casos sí.
Y hasta aquí podría llegar una forma de ver esta posibilidad, por así decir, desde una cierta "distancia". Pero desde esa distancia hasta llegar a la persona, hay muchas cosas...y personas, casi siempre. Lo mismo que no se puede, o no se debería poner a nadie como escudo o excusa para obligarte a mantenerte en pie cuando sabes que has llegado al límite, tampoco se puede ignorar que habrá una cascada de sentimientos alrededor de ese suceso que ya nunca se detendrá. NUNCA. Aunque se entienda y respete la decisión de alguien, y no pretendas ser la roca a la que se aferre para vivir una vida que tiene claro que no quiere vivir, habrá algo dentro de ti que se destruirá, y jamás se recuperará... cuando sepas qué ha pasado, será como si todo tu ser se congelara por dentro, como si nunca hubiera conocido el calor ni lo fuera a volver a conocer (y, una parte, nunca lo conocerá más). Y ese montón de hielo en que te conviertes por dentro, estallará, de dentro a afuera. Apenas podrás llorar, pensar, o siquiera tragar saliva. Sólo verás los restos de tus sentimientos, y los de cierta inocencia irrecuperable, esparcidos en trocitos milimétricos a tus pies, sin saber qué hacer... cómo guardarlos o recomponerlos. Por supuesto, nunca se recompondrán del todo. Ni siquiera cuando esa persona que quiso irse, no se vaya al fin porque algo lo impida.
En definitiva. Nadie tenemos posición para valorar un derecho tan íntimo de otra persona. Y pienso que pocas veces, además, se hace uso de él precipitadamente, como si no se supiera lo que se hace, sino al contrario, sabiéndolo muy bien.

Gracias por una entrada diferente y, hasta cierto punto, controvertida a ojos de algunos, pero muy sincera y necesaria como algo sobre lo que hablar.
Un gran abrazo, Píxel.

Mi respuesta:

Buenas Silvia,

Como acostumbras siempre aportas un punto de vista diferente que enriquecen al  blog. Esos sentimientos desgarradores de los que hablas ante una pérdida o no, de un ser querido que se encuentra en estas circunstancias,  sentimientos que se generan al ver que hay alguien ahí que es importante para ti, que quieres que siga formando parte de tu mundo pero que sabes que no puede ser porque ese ser no se siente parte de él, porque siente que el final llegó, los desconozco, pero nunca he dado por hecho que sean menos duros.

De hecho siempre he insistido mucho a lo largo de los años que llevo con este blog en que no hay sufrimientos mayores, más importantes que otros. Tendemos a veces a frivolizar o infravalorar lo que sienten los demás por los sucesos que les pasan. Nos puede parecer a veces un poco absurdos. 

Hubo una vez una profesora que nos dijo que nuestro único problema era estudiar, que los adultos sí tenían problemas más serios. Por supuesto, no estaba de acuerdo. Se dice mucho que los jóvenes tienden a dramatizar sus problemas y que lo que tienen es mucha tontería. Cuidado con lo que se dice.

Esa forma de quitar hierro al asunto no me ha gustado nunca un pelo. No voy a contar aquí los problemas que tuve en la adolescencia pero alguno que otro han tenido proyección en la vida adulta y han sido difíciles de dejar atrás.

Cada uno afronta los obstáculos como mejor puede o sabe. Son decisiones, decisiones que con más información pueden resultar más fáciles o no. Quién sabe si estás acertando o no. 

Con qué facilidad se premia, se aplaude al que acierta y con qué facilidad se hace leña del árbol caído a aquél que tomó la decisión equivocada. A toro pasado todo se ve muy fácil.

Yo me he equivocado muchas veces, me he equivocado por dar cosas por sentado y por pensar "qué tontería estar así por esto o por lo otro". No voy a ser hipócrita, me he equivocado, pero esas equivocaciones, la vida misma, me enseñan cada día a ser más respetuosa con según qué cosas.

Vale, no se puede hacer un drama a lo mínimo, más que nada porque tanta negatividad no es buena para nadie. Pero eso, sólo se aprende con el paso del tiempo, las experiencias. Por ello, creo que los jóvenes y los no tan jóvenes tienen derecho a aprender poco a poco a relativizar por ellos mismos, y no, que seamos los demás lo que les impongamos qué es lo importante y qué no.

Un beso, Píxel.