Hace unos años le dije a una persona que se dejara de regalarme oídos y me demostrara lo que le importaba con hechos. Sólo quería hechos, no palabras. Me equivoqué.
Me equivoqué en parte. Las palabras pueden ser cercanas o distantes, dulces o agrias, cariñosas, afectivas o brutales, palabras con una verdad dura de digerir o con una mentira aún más dura de asimilar.
En cualquier caso las palabras y los hechos que las acompañen tienen que ir unidas, en la misma dirección. Ante cualquier incoherencia, bien sea por las palabras pronunciadas o
por los silencios, evasivas... bien sea por las actuaciones, es que ni
unas ni otros son sinceros. Desconfía.
Unas palabras bonitas vengan de tu pareja, amigos, compañeros... que luego no se correspondan con los actos de aquellos a quienes aprecias te producen desconcierto, decepción, incompresión, dolor...
Si por el contrario quienes tú quieres hacen unas cosas pero luego te dicen otras que para nada se corresponden con sus actos, te genera los mismos sentimientos, y es que las piedras duelen pero las palabras o los silencios te rasgan el alma.
Me gusta la coherencia, y ante la incoherencia no sé como debo reaccionar. Solo sé que me duele, me como la cabeza intentando buscar una razón, un por qué, una justificación pero no la hay. Del dolor, de la incompresión, del desconcierto... con el tiempo se llega a la más absoluta indiferencia que es lo mismo que decir que estás vacío de sentimiento y, ante eso, ya no hay remedio.
El enfado, el odio, la decepción, desilusión son sentimientos, no son buenos, pero son sentiemiento, están ahí, y yo creo hoy, mañana no sé, que ante eso todavía se puede hacer algo, se puede cambiar un sentimiento malo por uno bueno o al revés pero ante la indiferencia ya no se puede hacer otra cosa que aceptar la pérdida.
De dónde no hay pero hubo (porque ahí esta la clave que hubo algo pero se destruyó) no se puede pretender generar un fruto nuevo hacia la misma persona o circunstancia que generó el desencanto.
De dónde no hay pero hubo (porque ahí esta la clave que hubo algo pero se destruyó) no se puede pretender generar un fruto nuevo hacia la misma persona o circunstancia que generó el desencanto.


4 comentarios:
Las palabras hieren, las acciones hieren y molestan, la indiferencia duele mucho más, por eso mismo, porque nos dejan sin posibilidad de avance, ya sea para bien o para mal, es como un punto estanco del que no hay salida.
Te entiendo y me sabe mal por tí, pero son cosas que pasan, que nos pasan a todos y aunque eso no sea un consuelo, es una realidad.
Intenta sobrellevarlo lo mejor posible.
Un abrazo inmenso.
Muchas gracias, Montse.
Como siempre el tiempo hace que las cosas las tomemos desde otro punto de vista que ayuda a sobrellevarlo.
Un beso
Es complicado darse cuenta de que el significado de las palabras no es ni mucho menos tan universal como se pretende... ojalá fueran tan transparentes como se desea. Sería bueno tratar al menos de usarlas con propiedad, y no sólo por el bien de la vista sino, sobre todo, por el bien del alma.
Muchas veces, tan sencillo como triste, no se habla el mismo lenguaje que otra persona, aunque tú quieras y así lo parezca. No es culpa de nadie...quizá el significado de "amor", "amistad", "confianza"...cada cual lo aprendió en unas circunstancias, y lo asimila a sentimientos o situaciones que son muy diferentes.
Otras veces, y ésto es mucho peor, las palabras se prostituyen a propósito. A sabiendas, se alejan de su sentido, para manejar una situación, o a una persona... éso no es poder, el respeto sí lo es.
Sin embargo, creo que la mayoría de las veces, palabras o hechos son un parapeto. Para escondernos de lo que nos asusta pensar, sentir o expresar. Para desaparecer detrás de ellos. Y, efectivamente, éso también hace daño.
Gracias por la entrada :)
Saludos.
Buenos días, Silvia.
Agradezco tus paseos y comentarios por entradas antiguas de mi blog, pues así recuerdo el momento, el por qué escribí aquello o lo otro. Releeo las entradas y me pregunto si sigo pensando lo mismo o no.
Respecto a esta entrada, sigo pensando lo mismo pero con una perspectiva diferente, un matiz distinto que me has aportado tú al sugerir que tal vez las personas asociacien tales aconceptos a las circunstancias vividas, pues es verdad, gracias.
En cuanto a la forma de gestionarlo, sigo igual. Me desconcierta.
A veces opto por tomármelo a broma y otras, me canso, doy un "portazo" y a otra cosa.
No obstante, tras una desilusión, tarde o temprano, tengo la suerte de dar con personas maravillosas, y sólo por eso merece la pena pasar un poco (no mucho ehhh) por la desilusión.
Un saludo
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