Hoy toca hablar de mis aventuras sobre mi Mérida. Aunque sólo escribí una entrada en esta sección, aunque dejé este blog por un tiempo, la bici ha seguido formando parte de mi vida.
Gracias a ella he conocido a más gente que ama tanto la bici como yo y, aunque por circunstancias personales la hayan tenido que aparcar, en el fondo, siguen siendo unos viciad@s del ciclismo.
Respecto a mis aventuras me voy a remontar hasta el año 2015 que fue dónde lo dejé la primera y última vez que escribí sobre ello. Intentaré recordar en la medida de lo posible las situaciones anecdóticas.
En marzo de 2015, Quini, Puri yo nos propusimos ir de Mérida a Cáceres. La primera cuestión que se planteó fue por qué no al revés, de Cáceres a Mérida, pues para Quini, esto último era bajar y lo otro subir. Pero Puri dijo que no, que aunque todo el mundo parte de Cáceres y luego cogen el tren en Mérida, lo mejor era al contrario y así no tener la presión de perder el tren. Nos convenció. Buen argumento, Mapu (Mami Puri a tiempo parcial).
Bien, el tren salía a las 8:00 de la mañana, madrugón para mi, cómo no, pero por la bici lo que sea.
Al llegar a Mérida empezamos a pedalear. La primera parada fue en Carrascalejo, ahí nos tomamos tranquilamente un café mientras Puri intentaba con todas las fuerzas ponerle una braga (para el cuello, no penséis mal) a Quini. Y digo intentaba porque por más tiraba de la prenda hacia abajo, ésta no descendía. El cabezón de Quini es lo que tiene. Eso sí, ella estaba muerta de la risa de ver cómo se esforzaba su amiga por conseguirlo. Por poco no se queda con la braga al estilo ladrón.
Tras la parada continuamos con la preciosa ruta que siendo en marzo, imaginaros lo bonito que estaba el campo y la de preciosas flores que pudimos ver.
Continuamos la ruta haciendo todas las fotos que quisimos. En bici siempre se sabe la hora de salida pero jamás la de llegada y más, si se sale con nosotras.
Una vez atravesando Alcuéscar, paramos para comer en medio del campo, en plena naturaleza. Luego llegamos a Casas de Don Antonio. En dicho pueblo yo aproveché a tirar mi agua para llenarla de agua fresca de una fuente, mal hecho. ¿Por qué? Porque sabía a jabón, lejía, puajjjj.
Dejando atrás el mal sabor de boca, en dirección hacia Valdesalor, había un puente muy bonito con una charca que ohhh, lala,.. Se me hicieron los ojos chiribitas, ya que charco que veo, charco en el que tengo que meterme y, vaya sí lo hice, tanto que me cubrió hasta las rodillas. Menos mal que de Mami Puri aprendo muchas cosas, como llevarme unos calcetines de repuestos con un par de bolsitas para cada pie y, a lo que yo añadí de mi cosecha, una pequeña toalla. Quini, al verme secarme los pies se metía conmigo, pero es que siempre estamos como el gato y el ratón.
Una vez en Valdesalor, nos tomamos coca cola yo, cerveza sin alcohol para Puri y cómo no, cerveza con alcohol para Quini, nuestro pinchito y hala, a subir el puerto de las Camelias rumbo a Cáceres.
Más o menos es lo que recuerdo de esta ruta.
Si no tuvimos suficiente con la ruta de Mérida, en el mismo mes de marzo decidimos ir a hacer una ruta por Monfragüe. Imaginaros la de fotos bonitas que puedo tener de ese enclave.
En principio íbamos a ir las 3, pero Puri finalmente no pudo por temas personales o como me gusta decir a mi para picarla por "el amor es lo que tiene" a lo que Puri siempre me contesta: "El acostumbramiento, no te fastidia ésta", jajajaj. Disfruto mucho con las salidas de Puri.
Pues bien a la ruta fuimos Quini y yo. Al principio reconozco que no estaba yo muy cómoda yendo sólo con Quini, porque siempre había estado con Mapu, pero fue todo una sorpresa de lo más satisfactoria. Lo pasamos muy bien.
Cuando el tren llegó a su destino, nos subimos a nuestras máquinas dispuestas a disfrutar al máximo. Tras varios kilómetros, empezamos a subir cierta cuestecita que ciertamente nos estaba dejando un poquito sin aliento. De repente, escucho a Quini decir, "Pixel, ni te imaginas el turbo que llevo, jajajaa."
Yo no sabía a que se refería porque por no mirar hacia atrás, no fuera a ser que me la pegara, pensé que era alguna broma de las suyas.
Pero no, de repente, noté como alguien me ponía su mano detrás y me asistía en mi pedaleo. ¿Quién era ese alma tan amable que nos dio un pequeño y agradecido empujón?
Era un señor de Burgos con el que estuvimos hablando animadamente pero que como pavas no nos presentamos. Joé, vaya dos, si lo primero era haberle preguntado su nombre, presentarnos, pues na. Nos pusimos ahí a hablar de la ruta, de dónde sois, no hicimos hasta unas fotos, pero ni nombre, ni mote, ni nada.
Lo siguiente que recuerdo fue que vimos un ciervo, nos lo cruzamos tan de repente, que fue un visto y no visto, nos asustamos mutuamente pero estuvo guay verlo tan de cerca.
Para terminar la ruta, Quini decidió en el último momento variar un pelín la ruta. Bueno un pelín, en fin, nos metimos por una zona en la que tenías que cargar continuamente con la bici en brazos y rezar para no resbalar, ese final fue complicado de narices. Menos mal que esta mujer tiene la fuerza de 11 hombres y de vez en cuando me ayudaba a cargar con la bici porque por aquél entonces no tenía mucha fuerza. De ahí, que tiempo después me aficionara a ir al gimnasio que aunque luego lo tuve que dejar, oye me aportó muy buenos resultados a mis brazos.
El caso es que cuando terminamos, como el final se nos fue de las manos, veíamos que ¡¡¡llegábamos tarde para coger el tren!!! Yo ya me veía haciendo noche en cualquier albergue.
Pero para quien no conozca a mi amiga, decir que tiene varios ángeles que le cubren el culo, a ella y a l@s que van con ella. Tal es así, que paramos en una casa rural cuya dueña tenía una pequeña furgoneta en la que cabían perfectamente las dos bicis. La mujer se no ofreció a llevarnos a la estación. Oh, gracias!!!!
Una vez en el tren, vimos a otro ciclista. Esta vez, sí nos presentamos. Resulta que el chico éste venía también de Burgos y cuando le dijimos que habíamos conocido a un paisano suyo pero cuyo nombre no sabíamos, se ríó por no haberle preguntado su nombre. El caso es que este chico, pensó que podía ser su compañero. No hicieron la ruta juntos porque él ese día no estaba en condiciones.
Para salir de dudas, le envió un WhatsApp para preguntarle por nosotras y tal fue la metedura de pata del ciclista que conocimos en el tren, que se limitó a leer los mensajes de su amigo tal y como le llegaban, y dijo: Mi amigo dice que "sí, que ha visto a... ATENCIÓN a madre e hija en bici".
MADRE E HIJA, ostras lo que me reí. Quini diciendo que eso le pasaba por ir con una Beibi (ella lo escribe así) como yo. El otro, muerto de la risa, escribiendo a su compañero que no éramos madre e hija sino compañeras y claro, el burgalés cuyo nombre desconocíamos le contestó: "¿¿¿Se lo has dicho???"
Si es que hay que leer primero los mensajes para uno mismo y luego dar el traslado, que luego se dan situaciones embarazosas... aunque bueno nosotras nos lo tomamos muy bien.
Cuando llegamos, luces puestas, para casa y a la cama. Rendida, rendida, pero con una gran aventura más a mis espaldas.



4 comentarios:
¡Jajaja, me ha encantado tu resumen sobre esa salida en bici! Me gusta saber que lo pasas muy bien, haber conocido al señor sin nombre de Burgos, el viaje en tren al que llegaste por los pelos y la confusión madre-hija.
Divertida esa aventura, Pixel, espero que nos cuentes algunas más ;)
Mil besos.
Jajajaja, yo ni siquiera sabría por dónde empezar a comentar esta entrada…
Para empezar, decir que, aunque estos sucesos se remonten a 2015, están de plena actualidad, lo veas como lo veas. Lo primero, el agua con lejía de la fuente: claramente, Casas de Don Antonio es un pueblo que se adelanta a los acontecimientos, y ya sabían por entonces que la lejía en el agua sería un “must” en nuestra vida tiempo después, buena forma de irse inmunizando.
El pobre y bienintencionado señor de Burgos estuvo al borde de meterse en un lío bien gordo. Primero, pone su mano en el sillín de dos señoritas que, visto lo visto, no sé si yo me atrevería con la que está cayendo, que ya se confunden muchas cosas. Pero bueno, de ahí salió airoso porque se entendió que el deporte es un entorno sano y sólo quería ayudar y no pillar cacho. Eso sí, con “la madre y la hija” se metió en un jardín que es un clásico, y que dudo yo que haya manera de sortearlo con un poco de dignidad, jajaja, aunque por suerte él tenía a su amigo (que bien podría ser enemigo, con la transcripción de mensajes que hizo tan literal) como parapeto. Te ríes porque tú eras la hija en la ecuación, que si no… veo que coges la bici hasta Burgos y el señor hubiera pasado un mal rato. Te hubiera costado un poco de investigación sin saber el nombre, pero en el mundo ciclista al final todos se conocen más o menos, seguro.
También queda de manifiesto que es muy conveniente para las salidas en bici ser acompañada por Sansón, o ser uno. Con los imprevistos que al final surgen, hay que echar arrestos de vez en cuando para no decir a la bici “goodbye tan ricamente”, ya vendrá a por ti la grúa. Pero en fín, sería un abandono muy cruel para tan buena compañera de aventuras, eso ni se plantea.
Me ha hecho muchísima gracia la amable señor con furgoneta de la casa rural. Después de esto estoy convencida de que existe una red de rescatadores con furgoneta de ciclistas/senderistas en apuros, porque hace más o menos el mismo tiempo, otro ángel de la guarda nos socorrió de igual forma en las cercanías del precioso pueblo Alcalá de Júcar, donde una variación de ruta senderista se nos fue un poco de las manos…
Eres una valiente, y de verdad que disfruto leyendo tus aventuras como si las visionara…tan graciosa y gráficamente descritas están. Así que espero seguir disfrutando de esta sección, pues seguro que aún hay bastantes anécdotas en el tintero. Guarda alguna, eso sí, para contármela en persona.
Por último, te informo de que en el camino de Malpartida que te gusta, el de las vacas, tiene ahora un nuevo inquilino: un jabalí… Tú decides si te animas.
Un beso.
Buenas Montse, qué bien que hayas disfrutado con la entrada.
Pues tengo muchas más aventuras guardadas en mi mochila y de momento tengo intención de seguir llenándola con más anécdotas. Es una mochila con espacio infinito, jajaja.
Viendo la tan buena acogida, seguiré con esta sección.
Un beso
Buenas, Silvia!!!
Gracias por tus apreciaciones. Ahora que dices lo de Casas de don Antonio y la lejía, jopé, es verdad, qué adelantados. La inmunidad creo que por ese motivo ya no la tengo pero sí por el charco de agua estancada en el que me metí el domingo pasado, y que conste que no olía mal. De hecho, en otra aventura que ya contaré sí puedo asegurar que pisamos aguas putrefactas.. ahí lo dejo.
En cuanto al burgalés, decir, que la mano la puso en la mochila, no fue tan descarado. Ay Silvia, qué mal pensada eres, jajaja, la mano la puedes poner efectivamente en el sillín pero también en la mochila o espalda, ¿en qué estabas pensando...? No me lo digas ;)
Reconozco que el comentario madre e hija por la parte que a mi me tocaba era mucho más llevadero, jajaja. Cada vez que me acuerdo, aunque lo de parecer su hija no te creas que me hacía mucha gracia.
Hay muchas rutas que es verdad que te entran ganas de mandar a la bici a la porra, pero si lo piensas bien no es la pobre bici la que tiene la culpa, la tiene el viento de cara (que siempre toca), tu cuerpo que es muy desagradecido, o la niebla o las vacas que te miran mal o los pinchos que no sé cómo ocurre pero hay siempre un alto porcentaje de probabilidades de que se pinche la rueda de atrás. Como dijo una vez mi amiga Quini cuando le dije, que qué rueda se le pinchó en una de sus rutas y me dijo: "Pues la de atrás, como siempre", jajaja.
Dios, el jabalí, por ahí yo no paso. Si me dices que tiene crías, bueeeeeeno, lo mismo podría planteármelo pero antes tendría que ver lugar donde esconderme, jajaja.
Hasta la próxima ruta pixelada.
Besos
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